Guía práctica
Página web para empresa de servicios: qué secciones necesita y en qué orden van
En dos líneas: Una página web para empresa de servicios no tiene un producto que enseñar. Tiene que conseguir que alguien que no la conoce confíe lo bastante como para pedir un presupuesto. Estas son las secciones que lo hacen posible, en el orden en que las lee el cliente y con el motivo de cada una.
¿Por qué una página web para empresa de servicios no se monta como una tienda?
Quien reforma un baño, limpia portales o instala aire acondicionado vende algo que el cliente no puede probar antes de pagarlo. En una tienda, el visitante compara precio, envío y devolución. En una web de servicios llega con una duda que todavía no puede traducir en un precio y con miedo a equivocarse.
Ese miedo está detrás de muchas llamadas que no se producen. Antes de llamar se pregunta cuatro cosas: si eso es lo que necesita, si lo han hecho antes, si llegan hasta su casa y cuánto cuesta. Cada sección responde a una; si falta alguna, la llamada puede no llegar a producirse.
El orden sigue a las dudas que aparecen mientras el cliente lee.
¿Qué siete secciones necesita, y en qué orden?
- Qué hace y para quién.
- Prueba de que lo ha hecho: trabajos, fotos y opiniones.
- La zona donde trabaja.
- Cómo se pide presupuesto.
- Precios, o al menos de qué depende el precio.
- Las preguntas que se hace el cliente antes de llamar.
- Aviso legal, privacidad y cookies.
Las cinco primeras, en la página de inicio o a un clic. Las dos últimas, en el pie.
¿Qué tiene que quedar claro en la primera pantalla?
En la primera pantalla tiene que leerse, sin bajar, qué hace la empresa, para quién y dónde. Una frase basta: «Instalación y mantenimiento de aire acondicionado en Cartagena, para comunidades, comercios y viviendas».
Esa frase es la que orienta al visitante. Nombra el servicio, el cliente y el lugar, y quien llega se reconoce o sigue buscando.
Sobran los lemas que valdrían para cualquier negocio: «Comprometidos con la calidad», «Soluciones integrales». Si tapa el logotipo y la frase sigue valiendo para otra empresa, no aporta información sobre la suya.
En el móvil, por donde llega la mayoría, esa frase y el teléfono se ven sin bajar. Un botón de llamar que hay que buscar puede costar una llamada.
¿Cómo se demuestra que hay trabajo hecho detrás?
La prueba sustituye a tener el producto en la mano. El cliente no puede tocar el resultado antes de comprarlo, así que busca señales de que otros ya lo han hecho: fotos de trabajos reales, opiniones y datos que comprueben que la empresa existe.
Las fotos tienen que ser suyas. Las de archivo se reconocen y no transmiten lo mismo. Una foto algo peor de un baño terminado en Cartagena transmite más confianza que una imagen de archivo perfecta. Ponga el antes y el después cuando se pueda.
Cada foto necesita un texto alternativo que describa lo que se ve, no una lista de palabras clave. Es lo que leen los lectores de pantalla y lo que Google usa para entender la imagen, según sus prácticas recomendadas.
Las opiniones se recogen en la ficha de Google, no solo en la web. Google no da estrellas en los resultados a las empresas que controlan sus propias reseñas, según sus normas; las de la ficha se ven en el mapa. Pídalas al terminar cada trabajo.
Si publica el nombre de un cliente o una foto de su casa, pida permiso por escrito.
¿Hay que decir en qué zona se trabaja?
Sí, y con nombres de municipios. «¿Vienen a mi pueblo?» es una de las primeras cosas que frena una llamada. Poner «toda la Región de Murcia» cuando solo se desplaza a Cartagena y Murcia capital genera una llamada que se pierde.
Enumere las localidades a las que va de verdad. Además de resolver la duda, es como busca la gente: «limpieza de comunidades en Molina de Segura» se parece más a una búsqueda real que «servicios integrales».
Si trabaja por zonas, la ficha de Google permite declarar un área de servicio y ocultar la dirección, con unas condiciones que conviene leer.
¿Cómo se pide presupuesto sin perder al cliente por el camino?
Con tres vías, porque la gente no pide las cosas igual: un formulario para quien prefiere escribir, un teléfono que se pulse desde el móvil y un WhatsApp para quien quiere respuesta rápida.
El formulario pide lo mínimo para presupuestar: nombre, teléfono, qué necesita y en qué municipio. Cada campo de más puede hacer que alguien abandone el formulario. Las medidas o los planos, mejor después de hablar.
Diga qué ocurre tras enviarlo. «Le llamo en menos de 24 horas laborables» responde a una duda concreta. Y compruebe que el aviso llega a un correo que alguien lee.
El botón va al final de cada bloque que genera la duda: después de los precios, de las preguntas, de la zona.
¿Conviene publicar los precios?
Depende de si el precio ayuda a filtrar o frena la consulta. Publíquelo cuando el servicio es estándar y el importe sirve para descartar: una cuota de mantenimiento, una limpieza de portal, un servicio mensual. Ahí un «desde» ahorra llamadas a quien tenía un presupuesto mucho menor.
No lo publique cuando cada trabajo es distinto: reformas, instalaciones, proyectos a medida. Publique de qué depende, que es más útil que un número. «El precio sube con los metros, el estado de la instalación y el acceso al inmueble» enseña al cliente a calcular su caso.
Pueden restar confianza el «precio a consultar» sin explicación y un «desde» que luego no se aplica. Si publica importes, la ley pide que sean claros y que digan si llevan impuestos incluidos; está en el artículo 10 de la Ley 34/2002.
¿Qué preguntas se hace el cliente antes de llamar?
Las que le repiten por teléfono cada semana. Apúntelas durante un mes: esas son sus preguntas frecuentes.
Suelen ser prácticas: cuánto tarda, qué hay que preparar, si trabaja en festivos, si la factura lleva IVA, qué pasa si algo se estropea, si cobra la visita. Responderlas por escrito evita la llamada.
Cada respuesta debería resolverse en la primera frase. Así se entiende de un vistazo y así lo pueden citar los buscadores y los asistentes que resumen resultados.
Con cinco u ocho preguntas se lee bien; con treinta cuesta más llegar al final.
¿Qué pasa con el aviso legal, la privacidad y las cookies?
Son tres cosas distintas que suelen ir en el mismo cajón.
El aviso legal dice quién está detrás: nombre o razón social, NIF, domicilio, correo y datos de registro. Lo exige el artículo 10 de la Ley 34/2002.
La política de privacidad explica qué hace con los datos del formulario: quién los trata, para qué, cuánto los guarda y cómo se ejercen los derechos. La Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) describe cómo darla por capas: un resumen y el detalle a un clic.
Las cookies son otra cosa. Si solo usa las técnicas, la carga es menor; si mide audiencias o carga mapas y vídeos de terceros, hace falta consentimiento, con un rechazo tan fácil como la aceptación. La guía de cookies de la AEPD dice cómo debe verse.
Los tres, en el pie de todas las páginas, a un clic.
¿Cómo se ve en un ejemplo?
Pongo un ejemplo: una empresa de limpieza de comunidades en Cartagena. Su web de cinco páginas quedaría así.
Inicio: «Limpieza de comunidades y oficinas en Cartagena. Para administradores de fincas y empresas con local». Debajo, fotos y opiniones de Google.
Servicios: portal y escalera, cristales, garajes y oficinas, con qué incluye y cada cuánto.
Zona y contacto: los municipios, un formulario de cuatro campos y el WhatsApp.
Trabajos: fotos propias, sin nombres de comunidades sin permiso.
Aviso legal y privacidad, en el pie.
Fíjese en lo que no tiene: ni carrito, ni blog, ni la historia de la empresa. Todo responde a una duda que frena la llamada.
¿Qué se puede conseguir?
Una web así consigue que quien llega sepa si usted hace lo que necesita, vea trabajos parecidos y tenga a mano tres formas de pedir presupuesto. Una posición concreta en Google no entra en lo que puede asegurar. Lo demás depende de la llamada.
Cómo lo hago yo
En la conversación de alcance, veinte minutos sin coste, le pregunto qué le preguntan por teléfono, qué frena a quien no le llama y qué quiere ver antes de pedir presupuesto. Con esas respuestas ordenamos las secciones con usted: primero qué hace y para quién, después la prueba, la zona, el presupuesto, los precios y las preguntas.
En 48 horas tiene la propuesta por escrito, con el precio cerrado (300 € + 49 €/mes sin IVA) y la fecha de entrega.
La web se publica en cinco días laborables desde que recibo sus logos, sus textos y sus fotos. Si falta algún texto, lo redacto con usted. El dominio va a su nombre, con correo corporativo, SSL, ficha de Google, SEO técnico inicial y analítica.
Si el encargo es una tienda, el plazo es de 14 días laborables. Si el proyecto pide más fases, cada una cierra en 14 días naturales como máximo, con algo que funciona y probado con sus datos.
El día de entrega le enseño a mover cada pieza y firmamos el acta.
El orden de las secciones sigue el de las dudas del cliente, y ese orden se cierra con usted antes de escribir una línea.
- Conversación de alcance20 minutos, sin coste
- Propuesta por escrito48 horas, con precio cerrado
- Orden de seccionesse cierra con usted, duda por duda
- Web en 5 días laborablesdesde que llega su material
- Formación y entregale enseño a mover cada pieza, con acta
¿Para quién no es?
No compensa si vende productos con stock: eso pide una tienda, con catálogo y cobro. Tampoco si su cartera está cubierta y no quiere más encargos, porque la web genera llamadas y alguien tiene que atenderlas. Y no resuelve por sí sola un desajuste de precio: si el presupuesto no convence, la web no lo cambia.
Si aún no lo tiene claro, lo cuento en necesito una página web para mi negocio.
¿Cómo puedo ayudarle?
En Ágora Delfos monto esta estructura en cinco páginas por 300 € más 49 €/mes, sin IVA. Incluye diseño con su marca, dominio, correo corporativo, SSL (el candado que cifra la conexión), ficha de Google, SEO técnico inicial y publicación en 5 días laborables desde que recibo su material.
Si el precio depende del trabajo, en cuánto cuesta una página web explico qué encarece un proyecto y qué no.
Si quiere una página web para empresa de servicios con estas secciones y este orden, vea qué incluye el servicio de web y hablemos veinte minutos.
Preguntas frecuentes
¿Cuántas páginas necesita una web de servicios?
Con cinco suele bastar: inicio, servicios, trabajos, zona y contacto; el aviso legal y la privacidad van en el pie. Si vende oficios muy distintos entre sí, conviene una página por servicio y el encargo crece.
¿Puedo publicar los precios si cambian cada año?
Sí, siempre que los revise. Un «desde» desactualizado puede confundir más que no poner cifra. Si no quiere mantenerlos, publique de qué depende el precio y dé el importe por teléfono.
¿Sirve una web así si solo trabajo con empresas?
Sí. Cambia el peso de las secciones: la prueba gana importancia, con sectores y tipos de cliente, y el formulario puede pedir más datos. La primera pantalla sigue igual: qué hace y para quién.
¿Hace falta un blog?
Al principio, no. Antes del blog están las fotos de trabajos y las preguntas frecuentes, que es lo que el cliente mira para decidir. El blog sirve cuando compite por búsquedas concretas.
¿Cuánto tarda en dar resultados?
La ficha de Google puede reflejar los cambios en pocos días; la web tarda en indexarse y las búsquedas competidas, meses. Una posición concreta no se puede prometer.
¿Y las opiniones de Google?
Se piden al terminar cada trabajo, con un enlace directo a la ficha. Las que copie en su web no salen con estrellas en los resultados, porque Google no da esa función a quien controla sus propias reseñas. Las de la ficha se ven en el mapa.
